Invierno: la temporada que casi nadie espera
Entre diciembre y marzo, la cornisa cantábrica concentra una parte muy sustancial de los incendios de toda la península. Asturias, Cantabria, el País Vasco y el occidente de León y Galicia registran en estos meses episodios de decenas o cientos de focos simultáneos.
El mecanismo es el viento sur. Una masa de aire que cruza la cordillera Cantábrica y desciende por la vertiente norte se calienta y se seca por efecto foehn: puede subir la temperatura veinte grados en unas horas y desplomar la humedad relativa por debajo del 25 %. El matorral de tojo, húmedo por la mañana, queda listo para arder por la tarde.
El origen es casi siempre la quema de matorral para regenerar pasto, una práctica ganadera tradicional que en condiciones de viento sur se descontrola con facilidad. Por eso en marzo el mapa puede mostrar más actividad en Asturias que en toda Andalucía.
Primavera: la ventana que se está adelantando
Abril y mayo eran tradicionalmente meses de transición con riesgo bajo. Ha dejado de ser así. Un invierno seco deja la vegetación con déficit hídrico acumulado, y basta un episodio temprano de calor para que el riesgo se dispare varias semanas antes de lo previsto.
El incendio de Las Hurdes y la Sierra de Gata, en mayo de 2023, es el ejemplo más claro: ardió más de 10.000 hectáreas cuando los dispositivos de extinción aún no estaban desplegados en su configuración estival, sobre terreno que ya había ardido en 2020.
Junio se ha convertido en un mes plenamente de riesgo. Pedrógão Grande fue el 17 de junio; los grandes incendios de Zamora y Navarra de 2022, también en junio, desencadenados por tormentas secas sobre vegetación en mínimos de humedad.
Verano: el pico mediterráneo y atlántico
Julio y agosto concentran el grueso de la superficie quemada de la península. Es la ventana en la que coinciden todos los factores: máxima temperatura, mínima humedad del combustible, máxima presión de visitantes en el monte y episodios recurrentes de viento seco.
Cada territorio tiene su desencadenante característico. En la Comunidad Valenciana y Aragón, el poniente y el cierzo. En Andalucía, el terral. En Canarias, la calima sahariana. En Madeira, el leste. En el norte de Portugal y Galicia, el viento del este continental.
Septiembre mantiene un riesgo alto que a menudo se subestima. Sierra Bermeja ardió en septiembre de 2021, y la temporada oficial de peligro en Andalucía se extiende hasta mediados de octubre.
Otoño: la temporada que 2017 nos enseñó a temer
Hasta 2017 se asumía que en octubre la temporada estaba cerrada. El 15 de octubre de aquel año, los vientos asociados al huracán Ophelia empujaron más de 500 incendios simultáneos en Portugal y decenas en Galicia, en una sola noche. Murieron 51 personas en Portugal y cuatro en Galicia.
La lección fue que un otoño seco deja el combustible en condiciones estivales, y que basta un episodio de viento excepcional para que la situación se vuelva catastrófica cuando los dispositivos ya han reducido su despliegue.
Desde entonces, tanto Portugal como Galicia mantienen niveles de alerta más prolongados y no dan por cerrada la temporada hasta que llegan lluvias significativas y sostenidas, no una simple precipitación aislada.