El problema del píxel entero
Un píxel del sensor VIIRS cubre 375 metros de lado, es decir, algo más de 14 hectáreas de terreno. El algoritmo de detección marca ese píxel como activo si dentro de él hay suficiente energía térmica anómala, pero no puede decir qué fracción del píxel está realmente ardiendo.
La consecuencia es directa: un fuego que ocupe media hectárea dentro de ese cuadrado hace que se contabilicen las 14 hectáreas completas. Si sumas la superficie de todos los píxeles activos, obtienes una cifra que sobreestima sistemáticamente la superficie afectada, y el error es proporcionalmente mayor cuanto más pequeños y dispersos sean los focos.
Este mapa muestra esa cifra bajo la etiqueta «superficie detectada» precisamente para no confundirla con la superficie quemada. Es un indicador útil de la extensión del frente activo, no una medición de daño.
El problema inverso: lo que el satélite no cuenta
Hay un segundo efecto que actúa en dirección contraria y que a menudo se pasa por alto. El satélite marca los píxeles donde había llama activa en el momento exacto de la pasada, no todo el terreno que el incendio ya ha recorrido.
En un gran incendio con un frente de varios kilómetros, la zona interior ya quemada está fría y no genera detección alguna. Eso significa que la superficie detectada puede quedarse muy por debajo de la superficie realmente afectada cuando el incendio lleva días activo.
Los dos efectos —sobreestimación por píxel entero, infraestimación por perímetro no activo— no se compensan de forma predecible. Dependen del tipo de incendio, de su velocidad y del momento de la pasada. Por eso ninguna cifra derivada de detecciones térmicas debe presentarse como superficie quemada.
Dónde consultar la superficie quemada real
La superficie quemada se mide después, sobre imagen de satélite óptica, delimitando la cicatriz del incendio. El servicio europeo que hace este trabajo de forma sistemática es Copernicus EFFIS, cuyos perímetros de área quemada puedes activar como capa en este mapa.
Para cifras oficiales y consolidadas, en España la competencia es de cada comunidad autónoma, con el MITECO publicando la estadística estatal agregada. En Portugal, el organismo responsable es el ICNF (Instituto da Conservação da Natureza e das Florestas), que publica informes provisionales durante la temporada y definitivos al cierre del año.
La diferencia temporal es importante: las cifras oficiales tardan semanas o meses en consolidarse, mientras que las detecciones térmicas están disponibles en horas. Son herramientas complementarias, no alternativas.